En octubre de 2025, Poza Rica, Veracruz, y otros municipios mexicanos sufrieron inundaciones históricas tras lluvias acumuladas de más de 530 mm en cuatro días. La interacción de la topografía urbana, la expansión en zonas vulnerables y la complejidad de la respuesta local amplificó los riesgos, afectando a miles de habitantes y causando importantes pérdidas materiales. Lamentablemente este caso ilustra cómo la combinación de fenómenos naturales y la estructura de nuestras ciudades puede intensificar las inundaciones.
15 de octubre de 2025
Desde ONU-Habitat nos entristecen profundamente las devastadoras inundaciones en México, vinculadas a los remanentes de los sistemas tropicales Priscilla y Raymond. Extendemos nuestras más sinceras condolencias a todos los afectados y reconocemos los incansables esfuerzos de los equipos de emergencia y voluntarios que trabajan para llegar a comunidades aisladas.
"Estamos preparados para apoyar los esfuerzos nacionales y locales en la recuperación y la construcción de resiliencia, ayudando a las comunidades a reconstruir de manera más segura, sólida y sostenible." Fernanda Lonardoni, Representante de ONU-Habitat para México, Cuba y Centroamérica.
¿Puede la planeación urbana influir en el riesgo de inundaciones?
Un estudio innovador analizó los patrones de lluvia en más de 1,000 ciudades del mundo y encontró que las zonas urbanas experimentan anomalías significativas en la precipitación comparadas con sus alrededores rurales, generando verdaderas “islas húmedas” con lluvias más intensas y frecuentes.
La urbanización altera el clima local de tres formas principales:
1. Islas de calor urbano: El concreto, el asfalto y la escasez de árboles hacen que las ciudades retengan calor. Esto genera corrientes de aire ascendentes que aumentan la formación de nubes y la precipitación, especialmente en regiones cálidas y húmedas.
2. Contaminación y aerosoles: La polución de las ciudades actúa como “semillas” para las gotas de lluvia, modificando la formación de nubes y, en ocasiones, intensificando las tormentas.
3. Estructura urbana y viento: Los rascacielos y la densidad de las edificaciones pueden ralentizar el viento, prolongar eventos de lluvia y alterar la trayectoria de las tormentas.

Casas destruidas en Isla Picada, Brasil tras lluvias y nuevas inundaciones. Porto Alegre, Río Grande del Sur, 19 de junio de 2024. Foto: © Bruno Peres_Agência Brasil.
Ciudades y regiones más afectadas
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África y Oceanía: Algunas ciudades africanas reciben más de 200 mm adicionales de lluvia al año respecto a las zonas rurales cercanas.
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Ciudades tropicales y templadas: Las anomalías urbanas más extremas ocurren en climas cálidos y húmedos.
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Ciudades costeras: Las lluvias extremas son más intensas, probablemente por la mayor humedad proveniente del océano.
Y la tendencia es preocupante: en las últimas dos décadas, la lluvia urbana ha aumentado hasta 62 mm por año en algunas ciudades.
El Ejército Mexicano continúa aplicando el Plan DN-III-E en el municipio de Poza Rica, Veracruz, brindando auxilio, rescate y evacuación a las familias afectadas por las inundaciones provocadas por las intensas lluvias.
— @Defensamx (@Defensamx1) October 15, 2025
Con valentía y espíritu solidario, el personal militar… pic.twitter.com/rv3486OkZD
¿Qué pueden hacer las ciudades?
Rediseñar sistemas de drenaje: Las ciudades necesitan infraestructura capaz de manejar lluvias más intensas y frecuentes.
Más espacios verdes: Parques, techos verdes y pavimentos permeables ayudan a absorber el exceso de agua.
Incorporar la urbanización en los modelos climáticos: Para estar preparadas, las ciudades deben considerar cómo su diseño afecta el clima y el riesgo de inundaciones.
Establecer sistemas de alerta temprana: Los sistemas de alerta temprana salvan vidas. Se debe asegurar de que lleguen a todas las comunidades, incluidas las más vulnerables.

Residentes en una calle inundada por la inundación en el municipio de Eldorado do Sul. Porto Alegre, Brasil, 20/06/2024. Foto: © Bruno Peres_Agência Brasil.
En ONU-Habitat creemos que con planificación urbana inteligente y resiliente, las ciudades pueden reducir significativamente los impactos de las inundaciones y proteger a sus habitantes frente a fenómenos climáticos cada vez más extremos.
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