En el marco del Día Internacional de la Mujer, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, ONU-Habitat, presenta una serie de iniciativas, publicaciones y resultados que buscan fortalecer el papel de las mujeres en la construcción de ciudades más justas, seguras e inclusivas.
8 de marzo de 2026
A través de estos esfuerzos, reafirmamos nuestro compromiso con la promoción de la igualdad de género en la planificación y gestión urbana, reconociendo que las ciudades deben diseñarse considerando las experiencias, necesidades y contribuciones de todas las personas.
Entre las acciones de este año se encuentran la presentación de los resultados del Foro Internacional de Ciudades Feministas, recordamos la presentación de la cuarta edición en español de La Ciudad de Ellas, el lanzamiento de la Revista Mujeres en el Desarrollo Urbano y una nueva edición de Mujeres Haciendo Ciudad, que en 2026 reconoce el trabajo de las mujeres en Cuba.
El Foro Internacional de Ciudades Feministas reunió a especialistas, autoridades locales, organizaciones de la sociedad civil y lideresas urbanas para intercambiar experiencias sobre cómo incorporar la perspectiva de género en las políticas públicas, el diseño urbano y la gestión de las ciudades.
Durante el foro se abordaron temas clave como la seguridad urbana, el acceso equitativo al espacio público, la movilidad con enfoque de género y la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Los resultados del encuentro destacan recomendaciones y aprendizajes que pueden orientar a gobiernos locales y actores urbanos en la construcción de ciudades más inclusivas.
Conoce más sobre los resultados del foro:
La Ciudad de Ellas es una herramienta que promueve la incorporación de la perspectiva de género en los procesos de planificación y diseño urbano. Esta metodología propone mecanismos participativos que permiten identificar cómo mujeres y niñas experimentan la ciudad, así como acciones concretas para reducir desigualdades en el acceso a servicios, infraestructura y espacios públicos.
La cuarta edición actualiza conceptos, herramientas prácticas y experiencias aplicadas en distintos territorios de la región, facilitando su implementación por gobiernos locales, organizaciones comunitarias y profesionales del urbanismo.
Conoce más y consulta la metodología completa:
Como parte de este esfuerzo por visibilizar las contribuciones de las mujeres en el ámbito urbano, recordamos la presentación de la Revista Mujeres en el Desarrollo Urbano, una publicación que reúne artículos, análisis y testimonios de profesionales, investigadoras y lideresas que trabajan en la transformación de las ciudades. En su primera edición, la publicación reune las voces de Anacláudia Rossbach, Directora Ejecutiva de ONU-Habitat, y de Fernanda Lonardoni, Representante de la oficina subregional para México, Cuba y Centroamérica de ONU-Habitat.
La revista explora temas como liderazgo femenino en el urbanismo, innovación social, planificación urbana inclusiva y experiencias de proyectos que integran el enfoque de género en distintos contextos urbanos.
Revive la presentación de la revista y consúltala.
En el marco de estas acciones, ONU-Habitat también lanza una nueva edición de Mujeres Haciendo Ciudad, una iniciativa que visibiliza y reconoce el trabajo de mujeres que contribuyen activamente a mejorar sus comunidades y territorios.
La edición 2026 pone el foco en experiencias y liderazgos femeninos en Cuba, destacando iniciativas urbanas y procesos de transformación territorial impulsados por mujeres. A través de esta publicación, se busca reconocer su impacto en la construcción de ciudades más resilientes, inclusivas y sostenibles.
Descubre las historias y experiencias de esta edición:
Con estas iniciativas, ONU-Habitat reafirma su compromiso con la promoción de ciudades que integren la perspectiva de género en sus políticas, proyectos y procesos de planificación.
Reconocer el liderazgo, conocimiento y experiencia de las mujeres en la construcción de las ciudades es clave para avanzar hacia territorios más equitativos, seguros y sostenibles para todas las personas.
Conoce más sobre estas iniciativas y accede a los materiales completos a través de los enlaces disponibles en cada sección.
El camino hacia ciudades feministas. Mujeres haciendo ciudad
México, sede del primer Foro Internacional de Ciudades Feministas
Planificar ciudades más equitativas significa pensar en barrios con servicios cercanos, espacios públicos seguros e iluminados, transporte accesible y entornos urbanos que faciliten la vida cotidiana.
8 de marzo de 2026
En Cuba, numerosas mujeres han contribuido desde distintos ámbitos —la planificación territorial, la gestión ambiental, la vivienda, la academia y la gestión pública— a impulsar ciudades más humanas, resilientes e inclusivas. Sus experiencias reflejan cómo la perspectiva de género puede enriquecer la forma en que se conciben y transforman los espacios urbanos.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, reconocemos su trabajo, plasmamos sus experiencias y el impacto que tienen en la vida cotidiana.
Para Ibis María Menéndez–Cuesta González, Directora General de Planeamiento del Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (INOTU), el planeamiento urbano nunca es neutral.
“Detrás de cada calle, de cada edificio y de cada espacio público hay decisiones que reflejan prioridades y formas de entender la vida”, explica.
Integrar la perspectiva de género en el planeamiento urbano implica considerar no solo la organización física de la ciudad, sino también los tiempos de uso y acceso a los servicios urbanos.
“De nada sirve un parque hermoso si está demasiado lejos o si el tiempo necesario para llegar a él lo vuelve inaccesible para quienes tienen múltiples responsabilidades cotidianas”, señala.
Desde el INOTU se han impulsado instrumentos de planificación que incorporan criterios para mejorar la iluminación del espacio público, promover calles activas y seguras, y acercar los servicios a las comunidades.
El objetivo es avanzar hacia ciudades pensadas para la diversidad de quienes las habitan.
La sostenibilidad ambiental es otro elemento clave para el futuro de las ciudades.
Para Odalys Caridad Goicochea Cardoso, Directora General de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, es fundamental integrar la dimensión ambiental en los procesos de planificación territorial.
“Muchas ciudades funcionan con un metabolismo lineal: consumen recursos y generan residuos. El desafío es avanzar hacia modelos más cercanos a los ciclos de la naturaleza”, explica.
La gestión ambiental urbana —especialmente en temas como residuos, emisiones y uso de recursos naturales— es clave para mejorar la calidad de vida de las comunidades.
Desde su experiencia, destaca que las mujeres han desempeñado un papel importante en la promoción de enfoques integradores que conectan la sostenibilidad ambiental con el desarrollo urbano.
La vivienda también es un elemento central para garantizar ciudades más inclusivas.
Para Delilah Díaz Fernández, Directora General de la Vivienda y la Producción Local de Materiales de la Construcción del Ministerio de la Construcción, la vivienda es mucho más que un espacio físico.
“La vivienda es el punto de partida desde el cual las personas se relacionan con la ciudad”, afirma.
Por ello, las políticas habitacionales deben integrarse con la planificación urbana, considerando la infraestructura, el transporte, los servicios y las características de quienes habitan esos espacios.
Esto implica responder a necesidades diversas, incluyendo las de mujeres que realizan trabajo de cuidados, personas mayores y familias con niñas y niños.
Además de reducir el déficit habitacional, las políticas de vivienda deben promover soluciones constructivas sostenibles, con eficiencia energética y uso responsable de los recursos.
Las ciudades también son espacios de memoria e identidad. Para Patricia Rodríguez Alomá, Directora del Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el desarrollo urbano debe integrar la conservación del patrimonio con el bienestar de la población.
Desde la rehabilitación del Centro Histórico de La Habana se ha impulsado un enfoque de desarrollo integral que articula dimensiones institucionales, sociales, económicas, culturales y ambientales.
Este modelo reconoce a la ciudadanía como protagonista de los procesos de transformación urbana y promueve la participación de diferentes actores, incluidas las mujeres.
“Construir ciudades más inclusivas requiere no solo procesos participativos, sino también una mayor presencia de mujeres en la toma de decisiones”, señala.
La academia también desempeña un papel fundamental en la construcción de ciudades inclusivas.Desde la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, María Isabel Escalante Leiva ha trabajado en la formación de nuevas generaciones de arquitectos y urbanistas.
El urbanismo con perspectiva de género, explica, permite visibilizar la experiencia cotidiana de las mujeres y comprender mejor cómo utilizan el espacio urbano.
“Cuando incorporamos estas experiencias al planeamiento urbano, la ciudad mejora para todas las personas”.
Entre los enfoques que promueve destacan la movilidad sostenible, la priorización del peatón, la ampliación de áreas verdes y la participación comunitaria en los procesos de planificación.
La relación entre ciudad y naturaleza es también clave para mejorar la calidad de vida urbana. Para Liliana Núñez Velis, presidenta de la Fundación Antonio Núñez Jiménez, las ciudades deben integrar la infraestructura verde como parte esencial de su desarrollo.
“Durante mucho tiempo hemos pensado la ciudad como un espacio dominado por el cemento. Sin embargo, integrar la naturaleza en el tejido urbano es fundamental para el bienestar de las personas”, señala.
Los parques, jardines y corredores biológicos contribuyen a mejorar la calidad del aire, regular la temperatura y generar espacios de encuentro para la comunidad.Promover ciudades más verdes también significa crear entornos caminables, seguros y accesibles.
La participación de las mujeres en la gestión pública es otro factor clave para avanzar hacia ciudades más inclusivas.Según Yamina Duarte Duarte, Vicegobernadora de Artemisa, las mujeres desempeñan un papel activo en los procesos de planificación territorial y en la toma de decisiones sobre el desarrollo urbano.
Desde estos espacios se impulsan políticas orientadas a mejorar la seguridad en el espacio público, garantizar el acceso al agua potable y al saneamiento, y promover entornos urbanos más saludables.
“Las mujeres participan activamente en la transformación de sus comunidades y en la búsqueda de soluciones que mejoren la calidad de vida de la población”, afirma.
Las experiencias de estas profesionales cubanas muestran cómo la perspectiva de género puede transformar la manera en que concebimos y gestionamos las ciudades.
Planificar desde la vida cotidiana, integrar la sostenibilidad ambiental, promover viviendas adecuadas, proteger el patrimonio, fortalecer el conocimiento académico y garantizar la participación de las mujeres en la toma de decisiones son pasos fundamentales para avanzar hacia ciudades más justas.
Porque cuando las ciudades se diseñan pensando en las mujeres, se convierten en espacios más inclusivos, seguros y habitables para todas las personas.
El camino hacia ciudades feministas. Mujeres haciendo ciudad
La Ciudad de Ellas. Lanzamiento mundial de la versión en español, cuarta edición
Las ciudades son los espacios en los que transcurre la vida de más de la mitad de la población mundial. Sin embargo, históricamente su planificación no ha considerado a todas las personas que las habitan. Por muchos años el diseño urbano ha ignorado en gran medida la experiencia y los requerimientos de las mujeres, lo que ha contribuido a exacerbar desigualdades en los territorios.
8 de marzo de 2025
También es una realidad que a lo largo de la historia las mujeres han jugado un papel fundamental en el diseño y desarrollo de los espacios urbanos, cerrando la brecha y desafiando barreras sistémicas para promover entornos más equitativos, donde sus aportes sean valorados y las necesidades propias y de otros grupos subrepresentados sean atendidas.
Este artículo, realizado en el marco del Día Internacional de la Mujer, destaca a través de una serie entrevistas con académicas, activistas, arquitectas, urbanistas y líderesas comunitarias, el impacto que las mujeres han logrado en la construcción de ciudades más inclusivas, resilientes y sostenibles, visibilizando su contribución en acciones que van desde la planificación urbana hasta el liderazgo comunitario.
Leslie Kern. Las ciudades no se construyeron para todas las personas
Teresa Miranda. Seguridad y comunidad
Sofía Valenzuela. Actividades de cuidado en el espacio público
Lidia González. Transformación y acceso a los derechos desde la planeación urbana
Rosalba González. Acceso a la vivienda
Jadille A. Mussa Castellano. Entorno, habitabilidad y medio ambiente. Hablemos de ecofeminismo
Jimena De Gortari Ludlow. El paisaje sonoro
Delmy Tania Cruz Hernández. Cuerpo-territorio
Doña Martha Marulanda. El cambio desde la comunidad
El urbanismo, la disciplina encargada del estudio de las ciudades, en la actualidad no es neutro y ha dejado de lado las necesidades, experiencias y aportes de las mujeres, niñas, y diversidades sexuales y de género, priorizando a los automóviles, el crecimiento industrial y la eficiencia.
De acuerdo con Leslie Kern, doctora en Filosofía en Estudios sobre Mujeres de la Universidad de York y autora del libro Ciudades Feministas, hombres y mujeres experimentan las ciudades de forma distinta en la vida cotidiana. Como ejemplos tangibles podemos observar la atención que las mujeres dan a actividades como la movilidad, las tareas de cuidado o temas de seguridad, a las cuales los hombres usualmente no dedican tiempo adicional.
“Las desigualdades sociales aparecen en nuestras áreas urbanas porque el poder de decidir sobre las ciudades generalmente lo tienen los hombres. Esto se muestra en una falta de atención a las necesidades diarias de las mujeres, sus cuerpos, experiencias y preocupaciones. Podemos verlo en la falta de acceso para alguien que lleva un cochecito a un edificio, un autobús o una estación de metro, o también puede aparecer en una falta de preocupaciones por la seguridad de las mujeres en la ciudad”, señaló Kern.
En América Latina y el Caribe, las urbes son el hogar de más del 80% de la población, por lo que estas problemáticas son fáciles de identificar en el cotidiano.
Teresa Miranda es lideresa de La Campanera, una colonia de El Salvador que experimentó décadas de violencia. En su infancia, ella recuerda haber llegado a la comunidad y “enfrentarse en la vida real a los hombres malos que veía en la televisión”, causantes de la constante sensación de inseguridad y estigmatización de la zona.
“Muchos tuvieron esa experiencia. No fue fácil porque nuestra niñez fue bastante deprimente ya que nuestros padres en vez de dejarnos salir a jugar nos mantenían encerrados por el miedo. No podíamos hacer uso de los espacios que teníamos en La Campanera. Vivíamos represión de las estructuras delincuenciales y no podíamos salir libremente a la calle ni usar los parques porque eran territorio de ellos.”
Ahora, ella se enfoca en tareas comunitarias para el bienestar de la niñez y las juventudes de La Campanera. Después de un trabajo de más de tres años junto con la comunidad y organizaciones internacionales, se logró recuperar espacios tomados por la violencia. Ahora estos espacios son aprovechados como casa comunal, canchas de futbol rápido, un parque lineal con espacios de descanso y para actividades recreativas, zonas de juegos para las infancias, así como zonas reforestadas para el cuidado ambiental.
“Ya que nosotros no pudimos vivir un espacio sano, recreativo, libre de violencia, esperamos que nuestros hijos y nietos lo vivan en plenitud. Con la libertad de un sano esparcimiento digno de ellos. De igual forma nuestros ancianos, que también necesitan de estos espacios para desarrollarse”, compartió Teresa.
“Necesitamos tener en cuenta el trabajo de cuidados que realizan las mujeres. Hay que reconocer que no es algo que se esconde en la casa, sin que nadie le preste atención. Las mujeres están ahí con sus familias, haciendo el trabajo de cuidado, necesitando acceso al transporte público, necesitando acceso a diferentes tipos de servicios sociales y espacios para realizar este trabajo. Tenemos que empezar a verlo como un bien público en lugar de algo que simplemente obligamos a las madres y a otras mujeres a hacer en silencio sin reconocer su valor”, afirma Leslie Kern.
En 2018, a partir de la necesidad de generar redes que le permitieran dejar de vivir la maternidad en aislamiento y de encontrar espacios con sensibilidad de cuidados en donde se pudieran desarrollar las infancias, Sofía Valenzuela crea el proyecto Mamá Urbana. Su labor comenzó con el mapeo de espacios en donde se pueden desenvolver los cuidados, una herramienta que afirma contribuye a incentivar que estas tareas se desarrollen en el espacio público para reclamarlo como propio y de las infancias.
“El espacio público es este lugar común de las ciudades en donde se desenvuelve la vida. Desde el colectivo pensamos que este espacio debe buscar la equidad entre géneros y también entre edades”.
La exclusión de las maternidades del espacio público impacta directamente a las mujeres, que son las principales proveedoras de cuidados. Como consecuencia, se resguardan y dejan de formar parte del paisaje urbano y de la comunidad. Este aislamiento deriva en una serie de causas como enfermedades y falta de representación en la toma de decisiones.
“Las mujeres, que son las principales cuidadoras en la estructura social, sufren de un 34% más de enfermedades mentales relacionadas a la depresión y ansiedad en comparación con aquellas que no lo son. Además, si las madres, las personas y las mujeres que cuidamos queremos hacer un tipo de activación social, debemos incluir a las infancias. Es difícil posicionar agendas y hacer trabajo de activismo civil siendo madre. Hay que entender que los cuidados son parte de la vida cotidiana y hay que tenerlos en cuenta e incluirlos”.
El diseño de las ciudades impacta directamente en la experiencia de la maternidad y algunos de los cambios que Sofía comparte que podrían hacerla más segura, accesible y equitativa consisten en acciones como colocar bancas que permitan el descanso y fomenten la integración con la comunidad, colocar lactarios cerca de las estaciones de transporte público, además de espacios de desenvolvimiento para la niñez que consideren que estas vienen acompañadas y que esta labor no debería de significar una carga, sino una oportunidad para formar parte de las estructuras sociales.
Al cuestionarnos cómo es posible mejorar las condiciones para que las mujeres sean incluidas y consideradas en los espacios urbanos, la planeación territorial aparece como una de las respuestas clave. Es a partir de esta y de sus instrumentos que se orienta la toma de decisiones para la construcción y transformación de las ciudades.
La planeación debe tomar en cuenta las necesidades de la población, por lo que es importante que parta por identificar desde las desigualdades existentes y entender sus causas. Sólo así es posible equilibrar las condiciones de acceso y otorgar equitativamente los derechos a la ciudad, que más adelante se materializaran en acceso a bienes o servicios.
“Es muy importante que participemos en la toma de decisiones, ya que como mujeres todas hemos enfrentado alguna limitante, discriminación o violencia por razón de género, experiencia a partir de las cual generamos empatía y sensibilidad. Al ser mujeres que desempeñamos cargos públicos o privados involucrados en la toma de decisiones, es vital cuestionarnos para enfocar la política pública y reconstruir los espacios, tal como se ha hecho con las áreas de cuidado o en temas de vivienda”, mencionó Lidia González, consultora y docente en normatividad urbana e instrumentos de gestión de suelo.
La sobrecarga de trabajo de cuidado representa una barrera para la autonomía de las mujeres y dificulta su participación en el mercado laboral, en la educación, en la vida política, en el acceso a espacios de recreación y en el ejercicio pleno de sus derechos. Lidia comparte que, de acuerdo con datos del INEGI, en la Ciudad de México estos trabajos se asumen en una proporción del 73% de mujeres, contra el 23% de hombres. Es necesario redistribuir esta carga para que se impacte, entre otros temas, en la capacidad de propiedad de tierra de las mujeres.
“Otro dato es que el 70% de los hogares en México tienen a un hombre como jefe de hogar, contra el 30% de mujeres. Esto alarma si reparamos en el estado civil de las personas, porque casi el 60% de las jefaturas de hogar corresponde a hombres casados o en unión libre, mientras que la mayoría de las mujeres propietarias son viudas o mujeres separadas, lo que apunta que tener un vínculo matrimonial o estable es importante para ostentar una jefatura de hogar, cuando no debería serlo”.
Respecto al acceso a la propiedad y renta de vivienda para las mujeres, Rosalba González, consultora en Desarrollo Urbano en México y especialista en temas de vivienda en renta en la Ciudad de México, comparte que el escenario es muy complejo ya que, entre otros aspectos, las mujeres se tienen que enfrentar a ser menos sujetas de credibilidad para créditos monetarios al pertenecer predominantemente al sector informal.
“Usualmente las mujeres que buscan vivienda en alquiler pertenecen a grupos vulnerables y estos son aquellos a quienes más se le problematiza el acceso a la vivienda, ya que algunas de las causas por las que se solicita el espacio es por separación o en casos de violencia”.
“En América Latina hay una tendencia predominante a la vivienda en propiedad, tanto en zonas urbanas como rurales. En esta última a la fecha se sigue llevando un complejo entramado de usos y costumbres en el que la herencia de la vivienda se otorga a los hombres descendientes, dejando a las mujeres el matrimonio como única opción para acceder a la propiedad”.
Otro de los factores de desigualdad que menciona Rosalba es la diversidad de los trayectos. Aunque las mujeres sean propietarias de su vivienda, ellas gastan mayor capital humano y económico para trasladarse, al recorrer mayores distancias y visitar distintos puntos por sus labores de cuidado, por ello indica que “el paso cero para lograr un cambio es reconocer los trabajos de cuidado como una de las variables en temas de vivienda. Antes de tomar decisiones sobre las políticas públicas y el diseño de las ciudades, hay que tomar en cuenta estas perspectivas”.
Las tareas de cuidado no sólo suceden en los espacios domésticos o urbanos, si no que se extienden al entorno natural. El ecofeminismo busca cuestionar cómo se pueden construir ciudades y territorios que consideren los ciclos de vida de los ecosistemas y en las que la naturaleza juegue un papel central. Es esta una de las miradas que nos permite repensar la manera en que nos relacionamos con el territorio y con la trama más extensa de la vida.
La Docente Asociada de la Universidad Central (CL) con Magíster en Derecho Ambiental, Jadille A. Mussa Castellano, comparte que la idea de un ecofeminismo pasivo debe quedar atrás, ya que es momento de actuar frente a los retos climáticos del mundo actual.
“Necesitamos fomentar la acción global. Somos más de 8 mil millones de habitantes y tenemos también que hacer nuestra parte. Diseñar espacios con vegetación y cubierta para que las especies puedan desarrollarse. Fomentar el cuidado de las zonas naturales desde la ciudad y ver cómo logramos traerla a las zonas urbanas. Integrar la naturaleza a las ciudades puede contribuir a detener las islas de calor y mejorar la vida de futuras generaciones”.
Las consecuencias de no tomar acción pueden resultar alarmantes, pero aún se está a tiempo de implementar medidas sencillas pero efectivas. Acciones de diseño urbano como integrar radios caminables para habitar a la ciudad, incluir bebederos en las zonas públicas para disminuir el consumo de agua embotellada, o el reciclaje del agua en las ciudades, especialmente en servicios públicos como los servicios sanitarios, pueden sumarse para la consolidación de ciudades más resilientes, sostenibles y de bajo impacto ambiental.
“La arquitectura del paisaje visibiliza también el error de traer especies endémicas de otros sitios. Necesitamos enverdecer nuestros espacios con especies nativas, eliminar las plazas duras y recuperar el valor por las especies propias, resilientes, reconectar y darles el valor propio de nuestra cultura. El ecofeminismo nos recuerda que este es un planeta vivo que se comunica. Todo cumple un rol y hay que respetarlo”, finalizo Jadille.
Además del cuidado visible a nuestro medio ambiente, existe otro que no es perceptible a través de los ojos, pero sí por medio de otros sentidos: el entorno sonoro.
El ruido es el segundo contaminante ambiental a nivel mundial, convirtiéndolo en un problema de salud pública poco expuesto y con una capacidad de acción actual limitada. Ante esta perspectiva, el ser parte de comunidades en condición de salud con audición restringida y ser mujer, aporta otro nivel de complejidad.
“El paisaje sonoro afecta a las personas en la vida cotidiana. Todo el tiempo están ocurriendo sonidos y los oídos están abiertos recibiendo esa información, no solo a través de las orejas, sino también a través del cuerpo. Finalmente, el sonido se siente en todo el cuerpo, se vibra”, comenta Jimena De Gortari Ludlow, Doctora por la Universidad Politécnica de Cataluña y autora del libro Guía sonora para una ciudad. Indica que existen diferentes maneras de experimentar los sonidos en el espacio que tienen que ver la participación, la memoria y la experiencia personal, además de cuestiones relacionadas con la edad, género o condiciones de salud.
“En términos de género, las mujeres estamos muy alertas a ciertos sonidos, actitud mezclada por los trayectos más largos que nos hacen estar más expuestas a ciertos sonidos o ruidos. O también están aquellos relacionados con las tareas de cuidado que hacen que las mujeres tengamos una percepción distinta.”
Sobre términos de implementación y diseño urbano, Jimena De Gortari Ludlow destacó que le gusta pensar la ciudad en términos feministas que reconozcan la diversidad de las mujeres fuera de la cuestión genérica de que existe solo un tipo de mujer, con necesidades específicas.
“Las caminatas sonoras contribuyen a la apropiación de los espacios. Se camina al lugar, se escucha y se comenta, se dibujan las percepciones. En el reconocimiento de sonidos que resultan importantes se genera comunidad. La escucha en sí es un acto comunitario, frente a la mirada que es un acto individual, entonces hacernos sensibles al paisaje sonoro nos permite identificarnos e identificar al otro”.
Además de la dimensión sonora, hablar de habitar un territorio nos conecta con la percepción más amplia, activando una renovada sensibilidad que nos permita comprender el entorno a través de los sentidos y las emociones. Se trata de entender el cuerpo como ese primer territorio a través del cual disfrutamos y exploramos nuestro contexto, con sus virtudes y desafíos.
“Todo lo que pasa en el territorio es un cuerpo social y, por lo tanto, me afecta. Mi cuerpo es un territorio político que vive y es parte de un todo. Entonces el cuerpo es un medio por el cual pasan las gozocidades, pero también las violencias que viven los territorios”.
De esta manera, Delmy Tania Cruz Hernández, Doctora en Antropología Social por parte del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social define la relación como cuerpo-territorio.
Esta idea es una aproximación para entender el territorio a partir de las vivencias cotidianas y los saberes ancestrales que permiten entender el entorno natural y el desarrollo de la vida. Aunque en las ciudades puede parecer complejo considerar esta visión, la perspectiva del cuerpo-territorio comienza a tomar fuerza a partir de la puesta en valor de las experiencias encarnadas de las mujeres, la defensa de lo común y la puesta en valor de lo colectivo.
“Caminar el territorio y comenzar a pensar nuestras propias subjetividades doloridas a subjetividades de gozo, corazonadas, que quieran transformar el territorio, ha sido un paso muy largo. A partir de ese paso, nosotras comenzamos a decir que el territorio no es solo nuestro. De la mano de la espiritualidad indígena hemos ido caminando el territorio y organizándolo. Aunque no hemos querido aportar en teorías feministas, sino desde las practicas comunitarias, impactamos. Lo vemos no como un fin, sino como un proceso en construcción. Esto ya cambia el territorio y hacemos insurgencias y okupación del territorio abriéndonos espacio en él”.
Doña Martha Marulanda es una lideresa social que ha construido el territorio desde 1999, entre otros espacios, en la Coordinación Zonal de Mujeres en Medellín. A través de su involucramiento en actividades comunitarias en la Comuna Popular, descubrió el poder que su voz aportaba a los procesos de toma de decisiones y, con ello, comenzó su camino hacia la deconstrucción y valorización como mujer que forja el territorio.
“Yo el cambio lo vi a medida que me fui capacitando, a medida que iba escuchando esa participación que estaba haciendo dentro de las distintas capacitaciones y vi como cambiaba de ser machista a ser feminista. Porque muchas veces no entendemos lo que es ser masculino ni femenino y creemos que somos iguales, entonces necesitamos entender esas diferencias”.
Cuenta cómo al llegar a la Coordinación, se reconocía desde el machismo. “Yo no llegaba con el feminismo, porque no lo tenía introyectado hacia mí. Yo quería ser como un hombre, maltratadora como siempre lo había hecho, entonces empecé a avanzar en la Coordinación y a medida que entré en las capacitaciones, empecé a sentir un cambio en mí, para mí y para las demás. Ahí empecé a pronunciar la palabra feminismo y entenderlo”.
En el camino a lo largo de los años encontró muchas dificultades para hacer valer su derecho a la palabra. Ahora, con una experiencia consolidada, ve la transformación y alcances incluso traspasando generaciones.
“Cuando yo llegué al último encuentro, le cuento que no habíamos 15 mujeres adultas mayores, había pura juventud, y yo pensaba que rico que esto se siga sosteniendo y avanzando. No hay que decir que la juventud nos va a sacar a las adultas porque ya tienen el poder, sino por el contrario, que ellas se piensen la ayuda que tenemos mutua para poder seguir avanzando y sosteniendo esta participación y que la juventud vaya de la mano de nosotras para el conocimiento para que lo puedan ir alimentando y llevando adelante”.
A través de las voces de estas mujeres, hemos podido comprender más profundamente el impacto que tienen en la construcción de ciudades. Sus historias, experiencias y aportes reflejan, no solo su capacidad de liderazgo, sino también su resiliencia frente a las barreras que han tenido que superar en un campo históricamente dominado por hombres.
En el marco del Día Internacional de la Mujer es crucial reconocer y celebrar estos esfuerzos, pues su contribución no solo transforma la realidad urbana, sino que también inspira a futuras generaciones a participar activamente en el desarrollo de un entorno más equitativo. ONU-Habitat reafirma su compromiso con la igualdad de género en el ámbito urbano, promoviendo que las mujeres sigan siendo protagonistas en la creación de ciudades que no solo sean más sostenibles, sino también más humanas.
Este artículo y sus entrevistas fueron elaborados por Silvia Espinosa Castillo, Analista de comunicación de ONU-Habitat, con el apoyo de Daniela Nuñez, Yurini García, María Elena Espinoza, y Fernanda Aguilar, en el marco de las acciones de ONU-Habitat por la igualdad de género.
Ana Falú, prestigiada especialista latinoamericana, nos acerca al entendimiento de la complejidad de la vida urbana y el derecho a la ciudad desde una mirada feminista y plural.
Septiembre 19, 2022.
Argentina
Hablar del derecho a la ciudad significa abrir la reflexión a un conjunto complejo de elementos que lo componen. Si en este diálogo se coloca a las mujeres en el centro del mismo, las líneas de acción y nudos críticos se hacen aún más complejos porque para entenderlos, lo primero que hay que visibilizar es que no hay un universal de mujer ya que estamos transversalizadas por diversidades y multiculturalismo, por ende, las formas de habitar se vuelven todavía más diversas.
El derecho a la ciudad se conforma por el conjunto de derechos que permiten el acceso de la ciudadanía a la vivienda, a los bienes urbanos, al transporte. Desde el feminismo venimos construyendo argumentación apoyadas en hombros de gigantas, por eso es preciso significar lo colectivo, recuperar a quienes nos abrieron el camino, reconocer a las que estamos hoy y a las que por suerte vienen, esta cantidad de jóvenes mujeres que ocupan hoy las calles, esos lugares que antes eran prohibidos y que ahora son el lugar donde expresan la exigencia de sus derechos.
Las feministas hemos sido implacables en la demanda e insistencia del cumplimiento de nuestros derechos y de los acuerdos internacionales. Es fascinante ver el crecimiento de las voces, y cómo estos procesos han venido a aportar, a hacer luz sobre las omisiones, y nos han permitido a las urbanistas, arquitectas, geógrafas, diseñadoras, sociólogas urbanas, ubicar en dónde están las mujeres en la ciudad y cuáles son sus derechos omitidos en la planificación.
Una planificación que se imagina desde la neutralidad, pensada en familias, en hogares, en hombres, dominada por el pensamiento androcéntrico que universaliza al varón como la medida universal, y en particular al varón blanco, joven, productivo y heterosexual que deja a muchos otros hombres por fuera, y entonces omite, invisibiliza e ignora a las mujeres reforzando el concepto de un mundo productivo separado del reproductivo, devaluado, invisibilizado, que la sociedad patriarcal ha impuesto por cientos de años.
Si no miramos desde un paraguas conceptual y teórico, es difícil poder abordar debidamente la política del derecho de las mujeres a la ciudad.
Actualmente estoy trabajando en un instrumento que está avanzado y aún en desarrollo, es el mapa de las mujeres en la ciudad para identificar dónde están, qué tienen las mujeres, cómo habitan los territorios y dónde, información que permite conocer quiénes son y dónde están, y no sólo ellas, sino en la intersección del análisis de los territorios, dando cuenta de la vulnerabilidad de los espacios, el cómo son, qué características tienen, cómo se han consolidado o no y qué tipo de servicios ofrecen o carecen. Entonces el qué tienen las mujeres va a estar muy vinculado con cuál es la calidad o la vulnerabilidad de los territorios en donde habitan.
El derecho a la ciudad de las mujeres debería comenzar por reconocerlas, por no neutralizarlas ni subordinarlas a conceptos androcéntricos y patriarcales, por pensarlas en sus demandas, reconociendo la persistencia de las tareas de cuidado y de reproducción que siguen siendo responsabilidad exclusiva o casi exclusiva de las mujeres, y esto tiene significantes para la vida urbana.
Al tiempo que es decisivo reconocer los territorios urbanos y sus diversidades, así como los cambios sociodemográficos y saber de la diversidad de arreglos familiares que hay hoy en día. Mas en nuestras ciudades de tanta injusticia social y territorial.
Cuando interpelamos las formas de habitar la ciudad de hoy, estamos interpelando el patriarcado neoliberal, colonialista y racista. En este camino necesitamos implementar el multiculturalismo y entender las distintas visiones y cosmovisiones, las formas de habitar y entender estos cuerpos feminizados diversos, eso sería pensar el urbanismo desde una conceptualización democrática plural y que denuncia situaciones de presión.
Felizmente hay varios y buenos ejemplos, aunque necesitamos que sean muchos más.
Hay artículos en donde doy cuenta de estos avances en las ciudades de América Latina (ver Redmujer y CISCSA). Hay ejemplos muy interesantes como en Ecuador, el Quito Segura, que es un proyecto que se impulsó desde el municipio y con ONU Mujeres, sobre el tema de transporte y género, ocupados en el tema de las violencias y acoso que sufren las mujeres en el transporte urbano, así las propuestas de las paradas transparentes y se trabajó con el botón de pánico y la capacitación a los choferes.
A escala de los gobiernos locales, y un buen ejemplo lo es la alcaldía mayor de Bogotá, la que incluye un conjunto de municipios para atender a una población de alrededor de 8 millones de personas, se han hecho una serie de avances significativos. Hoy la alcaldesa Claudia López está impulsando una política de relevancia en el tema de cuidado, mirando desde un punto de vista integral que no es solo la atención a la infancia, también a los adultos mayores, a un lugar para que las mujeres encuentren un espacio de recreación y de aprendizaje donde haya computadoras para que puedan tener también conectividad.
Hay iniciativas muy buenas, pero también hay antecedentes, como me gusta decir, la historia no empieza con una ni termina en una.
Nosotras desde la Red Mujer y Hábitat de América Latina y Caribe instalamos en el año 2004-2005 un programa regional que creció y todavía permanece, fue Ciudades sin violencia hacia las mujeres, ciudades seguras para todos y para todas. Se implementó originalmente en 5 ciudades de la región, luego cobró vida propia y sigue hasta ahora en distintas iniciativas. También se implementó en ciudades como Recife, Rosario, Santiago de Chile, Lima, Bogotá, Guatemala y Salvador para trabajar las violencias en los espacios públicos, el mismo lo ejecutó ONU Mujeres, y me tocó la suerte de ser la directora regional de desarrollo (de UNIFEM, en aquel momento) de esta iniciativa pionera en América Latina, multiactores actuando en el territorio contra las violencias hacia las mujeres.
Un ejemplo es el de CDMX en México con el programa de transporte y mujeres, el Viajemos Seguras, que lo instaló Marcelo Ebrard como jefe de gobierno de aquel momento y con Malú Michael como la directora del Instituto de las Mujeres, el cual tuvo una continuidad en las otras gestiones de gobierno.
También me parece muy interesante de mencionar el trabajo que ha hecho la alcaldesa Ada Colau, en el que ha priorizado en la maravillosa ciudad de Barcelona a los sectores que tenían mayores carencias. Esta es una propuesta de la política local y pública, como ella dice, feminizar la política, ponerla en clave de mujeres migrantes, jefas de hogares, jóvenes, brindando la atención a quienes más necesitan de la política urbana, del derecho a la ciudad, al espacio público, a la vivienda y entonces alcanzar al conjunto de la sociedad.
Es muy importante todo lo que se ha avanzado hasta ahora. Creo que hoy las jóvenes mujeres en las calles reclamando sus derechos ya son portadoras de un legado maravilloso del cual no se vuelve atrás.
Las jóvenes mujeres, asumiendo la posición de poseedoras de derechos, reclamando igualdad de oportunidades, no van a volver atrás. Ya tienen una mirada abierta a un mundo que quieren que sea distinto, más justo para todos.
Creo que tenemos que avanzar en instrumentos y en normar estos derechos y hacerlos viables, trabajar con funcionarios y decisores, en las universidades, las facultades de arquitectura, de urbanismo, planificación, geografía y en todas las disciplinas que se interseccionan con el concepto de género, que se apliquen ejemplos y se tengan materias que transversalizan el género en la formación y en los estados. Yo soy optimista, vamos a avanzar. Estamos avanzando.
Como última aportación diría a todas que este no es un camino fácil, es un camino muy difícil y para andarlo hay que fortalecerse en las ideas y en las convicciones para defenderlas. Cuando una se fortalece se convierte en algo muy precioso. Hay que atreverse, perder el temor y hacerlo colectivamente. Todo colectivo por sobre lo individual. Al final, dar las batallas vale la pena.
Ana Falú es Arquitecta, Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC Argentina) e Investigadora de Carrera del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Argentina.
Ha liderado el Grupo Asesor para la Inclusión de Género de ONU Hábitat (2016-2021) y fue co-iniciadora y líder del Grupo de Mujeres y Diversidades de la Plataforma Global por el Derecho a la Ciudad.
El próximo 21 de septiembre, Ana será galardonada con el premio honorífico a la trayectoria de la XII BIAU en la CDMX por ser una persona experta de referencia en el campo del urbanismo y la arquitectura.
Como mujeres nos hemos ganado nuestro lugar en la planeación y el ordenamiento territorial. Somos parte fundamental en la generación de soluciones, somos capaces de trabajar en equipo, y sobre todo de dejar huella a donde vayamos.
Agosto 30, 2022.
México
De los 110 miembros fundadores del Colegio, el 48% de las firmantes de la carta de adición fuimos mujeres. Desde ese momento la figura de la paridad se hizo presente. Actualmente soy la segunda presidenta. Le recibí el cargo a una mujer, la maestra María Dolores Franco, así que, en retrospectiva, de las 5 mesas directivas, tres han sido representadas por mujeres. El próximo año el Colegio cumplirá sus primeros 10 años y estamos muy contentas de estar pisando fuerte en materia de ordenamiento territorial con perspectiva de género.
Es básicamente una filosofía de hacer ciudad. Los hombres y las mujeres vemos la ciudad desde perspectivas diferentes y las posiciones de liderazgo en esta materia tienen que ser tomados por más mujeres. No es lo mismo estar en puestos menores recibiendo instrucciones de diseño, que escribir literatura, hacer análisis académicos o realizar investigación que permita visibilizar la diferencia del caminar de una mujer en la ciudad.
De igual manera, como mujeres, conocemos mejor las limitaciones de un recurso económico o físico. Por ejemplo, no pensamos simplemente en planeación por planeación, sino en cómo vamos a obtener recursos para ella, cómo vamos a lograr que tenga injerencia en el cambio climático y si vamos a tener la oportunidad de regenerar ciudades, cómo lo vamos a hacer. Esta visión holística nos permite abarcar desde la infraestructura, el equipamiento, la movilidad y creo que la visión es mucho más completa.
Nosotras como mujeres llegamos con un rol de sumar, de revisar indicadores y de lograr que se cumplan, eso me ha tocado verlo en mis equipos de trabajo con las mujeres que he podido liderear y que trabajamos hasta que las cosas terminen y culminen como debe de ser, administrativamente hablando, que es un proceso arduo y complejo.
Yo creo que tenemos referentes muy importantes en el mundo y en América Latina. Ya hay ciudades que tienen una visión holística más humana. Es así como veo a estas ciudades, con espacio público seguro y caminable que administrativamente resuelva su mantenimiento, un sistema de transporte donde podamos cómodamente trasladarnos y que podamos también tomar una bicicleta con tranquilidad y recorrer algunos kilómetros a pie desde y hacia nuestras viviendas.
Las ciudades deben de construirse con y para la población, por eso deben incluirse también a los adultos mayores, a los niños y a las niñas, a las personas con algún tipo de discapacidad, que son el 5% de la población. Las ciudades son terriblemente difíciles de transitar con una silla de ruedas o con una carriola. Hay normas urbanas y contamos con elementos muy claros de cómo manejar el espacio público, cómo hacer rutas y guías para que estas ciudades sean más accesibles, el tema es aplicarlas y replicarlas. En el futuro, las ciudades que llegarán primero serán las que entiendan a su población, su comportamiento y necesidades.
Analizando el contexto nacional, en dónde El Colegio Urbanistas de México tiene cabida, hay mucho trabajo que hacer; por ejemplo, en la agenda del cambio climático que ya le está pasando factura a nuestro país con el tema de la sequía. La CONAGUA ha dado datos muy alarmantes para los próximos años y ya en este momento, metrópolis y zonas de la región norte del país están teniendo un comportamiento climático muy diferente, ya no llueve en las regiones que llovía y llueve donde no tenía que llover.
El cambio climático ya llegó, no es un discurso, es necesario tomar acción, ya lo estamos resintiendo y tendrá que pasar por una serie de infraestructuras verdes para ir adaptando las ciudades. La agenda que tiene la ONU para los próximos años es que hagamos ciudades menos contaminantes y el reciclamiento está en la agenda permanente. Por ello, El Colegio de Urbanistas de México está trabajando para darles recomendaciones a nivel municipal, de alcaldías y a nivel nacional.
Ha influido desde de mi formación académica hasta la profesional. Fui parte de la tercera generación de urbanistas de la Licenciatura en Urbanismo de la UNAM y por ello, como mujeres tuvimos que ir abriendo brecha al demostrar que tenemos la capacidad y una calidad de programas competitivos, pero, sobre todo, que tenemos la visión de unir lo administrativo con una parte inherente de la mujer, el cariño por lo que se hace y el entendimiento de la población.
La licenciatura en Urbanismo nace en 1985 en la Universidad Nacional Autónoma de México y lo hizo con el pie derecho porque nuestra maestra fundadora, la doctora Estefanía Chávez Barragán, en paz descanse, tuvo la enorme visión de ver a las ciudades de una manera diferente. Ella estuvo convencida de que las mujeres teníamos que entrar al ámbito de la planeación y decidió jugar el todo por el todo. Fue asesora de gobiernos cuando no se tenía idea de que la mujer pudiera intervenir en estos temas. Ella estaba dando clases y además daba dirección en varios gobiernos del país. Ella fue la que abrió la puerta, la que nos formó a muchas de nosotras con la idea de que en nuestros trabajos pudiéramos tener una visión holística, que fuéramos muy respetuosas de toda la conformación administrativa, pero que no dejáramos de decir lo que teníamos que decir.
En ese sentido, debo decirte que las ciudades las construyen en gran medida las mujeres. Cuando hablas de una consulta pública o de un programa de la ciudad, vas a ver que en la mayoría de las comunidades y de las reuniones que tenemos hay una mujer pidiendo seguridad, agua o arreglo de baches; nos hermana mucho ese tema y en mi vida profesional me ha ayudado a entender siempre el problema desde la otra parte.
Lo que yo recomendaría a todas las mujeres que estamos trabajando en esto es creer firmemente que tenemos una voz para la sociedad. Las ciudades están cambiando poco a poco, hay compañeras que están haciendo movilidad, trabajando en sistemas geomáticos y administrando ciudades complicadas.
Ya nos hemos ganado nuestro lugar en la planeación y el ordenamiento territorial. Tenemos capacidades iguales a las de los compañeros, podemos trabajar en equipo, y sobre todo dejar un legado a donde vayamos, a la administración que lleguemos, a las clases que demos o a los lugares donde estemos enfrentando cualquier tema, ya sea medio ambiente o social. Lo más importante es que saber que cuando pasamos por algún lugar damos un paso, hacemos un programa institucional, logramos cambiar un reglamento o una norma, eso es hacer ciudad.
El urbanismo me ha enseñado a sumar profesiones, trabajando con ingenieros, arquitectos, geógrafos, matemáticos, economistas y la regeneración urbana será el futuro de las ciudades. Para ello tenemos que estar todas y todos en la línea. El Colegio de Urbanistas de México busca y agrupa a todas y todos los profesionistas de nuestro ramo en el país y les convoca a asumir este reto. En los próximos años queremos tener más integrantes y, sobre todo, una visión cada vez más holística para contribuir con otras disciplinas para alcanzar acciones concretas en beneficio de todas las personas.
Urbanista y maestra en Gestión Pública para la Buena Administración, experta en desarrollo inmobiliario, ciudades seguras y espacio público. Es Presidenta de El Colegio de Urbanistas de México cuenta con más de dos décadas de experiencia en la administración de ciudades a nivel gobierno y en el sector privado.
Forma parte de la Asociación Mexicana de Arquitectas y Urbanistas (AMAU), de Mujeres Líderes por la Vivienda (MLV) y de la Asociación Nacional de Ingeniería Urbana (ANIU). En el gobierno federal colaboró en el Instituto Nacional para la Infraestructura Física y Deportiva (INIFED-SEP) como Coordinadora Técnica y en el gobierno de la CDMX fue Coordinadora General de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI).
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